viernes, 21 de octubre de 2011

Universidad, formación y utopía.



En el trasiego del mundo de hoy los lugares del silencio permanecen y siguen siendo las universidades. Sin embargo, son pocos los lugares en los que es posible la comparación racional entre diversas visiones del mundo. Nosotros, la gente de universidad, estamos llamados a librar sin armas letales una infinita batalla por el progreso del saber y de la compasión humana.


Umberto Eco



En tiempos, como los que vivimos, en los que la racionalidad instrumental deja huella en las preocupaciones de la universidad por la formación profesional es necesario comenzar por retomar las preguntas fundamentales, que pueden dar sentido, o más bien, recordar el fin de la llamada educación superior.
Desde su origen medieval la universidad ha estado ligada a la posibilidad de que el conocimiento sea un factor reconocido socialmente como importante para los miembros de una comunidad. La nobleza de toga es el símbolo de un hombre que vale por lo que sabe y no por lo que posee o ha heredado. Ya en el siglo de las luces y con la visión racional, la universidad adquiere un compromiso con el conocimiento y con la ciencia como factores que son determinantes para el bienestar humano. El proyecto moderno comienza a evidenciarse en una universidad entregada al conocimiento científico y a la reflexión filosófica.


Sin embargo, y como lo apunta Gutierrez Girardot (1986) el gran peligro de la tradicion universitaria es que pierda su ethos, es decir, que olvide su esencia y se estatice en manejos burocraticos y dogmáticos que no permitan que la universidad sea el recinto para la producción y transformación del conocimiento.


Ahora bien, habría que entender que la visión de conocimiento que existe en la edad media, y aún en la ilustrada, es mucho menos fragmentada que los residuos con los que se educa a los jovenes universitarios de hoy en día. “Pedagogo quería decir entre los griegos, en sentido estricto, el que conduce al niño en todos los momentos de la vida. Generalmente era un esclavo o un hombre libre escogido por la excelencia de su carácter, de manera que fuera un verdadero prototipo, que formara más por la irradiación de su personalidad que por sus conocimientos. En la época moderna, el educador es alguien que transmite un saber profesional, es decir, un conjunto de conocimiento útiles. El educador, por otra parte, se ha convertido en funcionario.“ (Jaramillo Uribe 1990:48) Con el paso de las reformas iniciadas por Napoleón, la universidad ha perdido la visión del conocimiento como fenomeno integral y ha olvidado el compromiso de éste para el bienestar humano. La especialización se ha convertido en el resultado de las miradas positivistas sobre la ciencia y la desarticulación es el método que se privilegia en los laboratorios.


En Colombia la especialización ha llegado al punto de que la ley que rige la educación universitaria ha tenido que especificar que debe haber un mínimo de asignaturas de humanidades que permitan al estudiante recibir una formación integral, entendiendo por ella una formación que dimensione y contextualice los saberes y de elementos para la formación ciudadana, la vida política, etica y cultural y por supuesto, para la reflexión y el discernimiento.

Las universidades privadas se han visto en la necesidad de acuñar el concepto de formación integral para hablar de todo aquello que no puede ser justificado dentro del plan de asignaturas de una carrera pues no tiene utilidad inmediata ni aplicación evidente . Las universidades publicas, con amplia tradición, pueden permitirse el lujo de ofrecer un gran conjunto de asignaturas electivas que se inscriben en las lineas de las humanidades y que dan perfiles a sus estudiantes según sus intereses. Cuentan además con una infraestructura que les permite ofrecer ambientes formativos invisibles, extracurriculares que acercan a los estudiantes a una formación estética y cultural que brinda parametros y ofrece opciones de comparación entre los productos culturales de masas y los productos artísticos.


La formación integral , vista como solo un conjunto de asignaturas que deben estar ahí para cumplir la ley, es una visión limitada del asunto. Sin embargo, esta es la visión con la que la mayoría de las universidades aborda el problema de estas asignaturas, en los mas de los casos pertenencientes a las llamadas humanidades. ahora bien, qué consecuencias trae en la formación de los estudiantes esta visión irresponsable de las humanidades.


En primer lugar la fragmentación de las areas del conocimiento es la responsable de que la inteligencia de los jovenes cada vez sea más limitada. Nos hemos encargado, generación a generación de dar la parte sin recomponer el todo, de modo que la superespecialización reduce la mirada y produce una especie de miopía intelectual que no deja al estudiante entender que aquello que el estudia tiene antecedentes y consecuentes sociales, culturales, políticos y económicos y que esa inscripción en la historia tiene un propósito intimamente relacionado con el destino de la humanidad.


El profesional como funcionario tiene una formación exclusiva para el trabajo, de allí su miopia y de alí que no esté en capacidad de entender que aquello que recibe en la universidad es un constructo que tiene intenciones, propósitos y miradas. La racionalidad instrumental hace que la universidad no vea más allá de lo inmediato y que sea sorda a los llamados desde el pasado. A esas voces que le recuerdan que el conocimiento es la herramienta por medio de la cual se consigue la autonomía y se resiste a la heteronomía. En cierta medida, la universidad no debería justificar la existencia de las humanidades en sus programas, mas bien debería recordar lo que los antiguos ya tenían claro: que todo conocimiento es un conocimiento sobre la humanidad. “ El hombre griego desea, ante todo, ser humano. Una esperanza que en su aparente simplicidad inscribe el origen de la idea que el griego tiene de cultura,de paideia,de cultivo de su realidad. ( Lorite Mena.1985: 8)


Como organismo, la universidad no está inscrita solo en el presente, ella tiene un compromiso con el futuro y una responsabilidad con el pasado. El futuro le indica la necesidad de discernir y el pasado le da las herramientas para no olvidar lo fundamental. Esto fundamental no pude quedarse en lo evidente. Es decir, lo evidente es la teoría de la relatividad, pero lo profundo, lo esencial es que a partir de esa teoría el conocimiento y el hombre mismo no puede asumir dogmas con respecto al conocimiento ni a cualquier otro comportamiento humano. Entender las relaciones entre la teoría de la relatividad cultural y los planteamientos de Einstein es entender gran parte de lo que implican, por ejemplo, los comportamientos personales con respecto a los derechos humanos.
Esta idea del conocimiento como interrelación no es nueva , tiene su origen en grecia en donde la especialización era vista como una mutilación de las posibilidades humanas. El conocimiento desligado produce sujetos que no piensan por si mismos, que no pueden ligar el producto del conocimiento con un sentido político, social y económico.”Para el griego escoger un conocimiento en lugar de otro, unilaterizar la educación en algún sentido, era mutilar la personalidad. De ellos nos viene la vieja triada de la educación intelectual, moral y física.” (Jaramillo Uribe. 1990:47)

En nuestros tiempos es necesaria la especialización pero tambien es necesaria la recomposición , en el sentido de que el estudiante debe entender la relación con el conocimiento específico y el todo en el que está inscrito. Esta última parte es esencial para no olvidar cuál es el proposito del conocimiento con respecto a si mismo y a los demas de su especie y porque evita que el ser humano sea asumido como un instrumento o un objeto o ejecutor y le da un rol de sujeto, interlocutor, creador.


Esa “ recomposición, esa “ligazón” como la llama Morin (1990) es tarea de la visión histórica y filosófica y , en general , de las humanidades. Esta tarea permite al ser humano entender que el conocimieto es devenir y es un producto público para lo social. Si no se logra esta integración la mirada reducida deja a las inteligencias en su exclusiva etapa instrumental.


La inteligencia limitada es una primera consecuencia de la fragmentación del conocimiento, pero existe otra y es aún mas peligrosa: la deshumanización del conocimiento y la pérdida de su rol político y social. Además de el telencefalo altamente desarrollado y el pulgar oponible nada más ditingue al ser humano del chimpancé. Sin embargo estas dos caracteristicas hacen que los hominidos tengan como elemento de supervivencia su intleigencia y los productos de la misma. Vista asi, cualquier producto del desarrollo intelectual es un bien social. El hombre conoce para poder vivir en el mundo, para suplir su incapacidad adaptativa y su debilidad física frente al medio.
El conocimiento, como bien público, tiene entonces connotaciones políticas interesantes. Quienes más lo entendieron fueron los ilustrados que apostaron todo a su fe en que la ciencia , como bien de todos, lograría el bienestar humano. En esto no tuvieron suerte las ideas ilustradas debido precisamente al que el conocimiento se convirtió en un factor monetario que produjo riqueza y que se privatizó hasta tal punto que hoy se habla de la sociedad del conocimiento como si este fuera moneda de cambio.
En cierta medida, reconocer en el conocimiento un bien publico es ponerse del lado de la utopía. Entendida esta como la utopía moderna. El poder soñar que es posible una humanidad que comparta con los menos favorecidos los descubrimientos de la ciencia, que entienda que somos ciudadanos de un mismo planeta y pertenecemos a una misma especie.


Los requerimientos pragmáticos que exigen a la universidad sujetos “performativos” capacitados para la especificidad son atentados en contra de la esencia critica de la institución universitaria.La universidad tiene como objetivo el conocer el mundo y para ello debe internarse en el conocimiento de las ideas pues con él se consigue el camino para la autonomía de las mismas y por tanto de los ciudadanos.


Ahora bien, hasta qué punto la universidad está ligada al proyecto formativo de una sociedad?
Si revisamos el proyecto de formación más exitoso de la historia occidental, es decir, la Paideia podemos ver dos cosas. La primera que este proyecto formativo no es estrictamente escolar. No existe el aparato escolar como tal en la sociedad griega clásica y segundo el proyecto desaparece en el momento en que se liga al poder. y por tanto, tiende a estatizarse.


Un proyecto formativo incluye la sociedad en su conjunto, es para ella para quien se pretende formar a un hombre. Si bien, las etapas de introyección de la cultura ejercen violencia y domeño sobre el sujeto, estos mecanismos carecerían de sentido al no existir un propósito social. Este objetivo da sentido y norte a las acciones educativas de una sociedad y justifica sus signos y sus rituales.

Es por ello que la utopía es un elemento crucial de la formación humana y de una formación para la fratenidad, entendida como la oportunidad de que los seres humanos entiendan su compromiso con la especie y que reconozcan el conocmiento como el facotor que distingue y permite la supervivencia del hombre en el planeta. En los sueños y las aspiraciones de la sociedad estan los caminos, las directrices para la toma de decisiones y para todo proyecto educativo. Sin los sueños la educación univesitaria se convierte en solo instrucción y la instrucción, a su vez se convierte en factor deshumanizante y asocial.



Bibliografìa
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lunes, 3 de octubre de 2011

Instrucciones para sacar la cédula en Ibagué, Colombia: Una experiencia de provincia

Cuando era niña aprendí un insulto que me parecía el peor sobre el planeta. Me lo enseñó Mercuccio de “Romeo y Julieta” cuando grita hérido y a todo pulmón :“mala liendre a tu familia Romeo, mala liendre a tu familia”. Pues hoy quiero gritarle al mísero ladrón que me robó mi billetera ese insulto y más, todos los insultos se quedan cortos cuando hoy descubro las pericias que tendré que vivir para recuperar mi cédula aquí en esta provincia tan alejada del centro, de la gloriosa capital de mi país.



Quiero compartir las instrucciones para que mis vecinos de ciudad sepan a qué atenerse y sobre todo tengan los datos seguros y confiables. Así que aquí van y aunque con sarcasmo juro sobre la obra completa de García Márquez que son ciertas y no he exagerado en nada. En rojo encontraran la información nueva que obtuve cuando fuí a reclamar mi contraseña.Algunas dudas me fueron aclaradas y surgieron otras.



1. Haga el denuncio de la pérdida de documento en una estación de policía. Tengo que confesar que es el trámite mas ágil y sencillo de todos y cuesta 100 pesos, eso sí lleve los 100 pesos sencillos porque este puede ser el único motivo de demora. La estación del barrio Ambalá resulta ser muy eficiente y no está llena como las del centro en donde además se debe hacer fila casi en medio de la calle.



2. Si usted es beneficiario del sisben no necesita hacer la consignación de 32.800 pesos moneda corriente, pero si no lo es pues prepárese: Debe ir al Banco Popular. En la ciudad de Ibagué hay tres Bancos Populares, todos ellos ineficientes, llenos de personas y lentísimos. Sin embargo, aconsejo el del centro en el edificio de la Cámara de Comercio que es el “mas eficiente” de los tres. Busque un comprobante de pago y recaudo rápido (lo de rápido es mentir pero así se llama el comprobante) y allí ponga su nombre completo, número de cédula y los siguientes datos:



Número de la cuenta:

220012110086

Fondo Rotatorio de la Registraduría Nacional

Re expedición de cédula



3. Del siguiente párrafo sólo es verdad lo que está en negrilla.Sin embargo, lo dejo porque esta información es producto de lo que recibí de los informantes orales.Cuando pregunté por qué a esa hora, me dijeron lo que narro aquí y todo resultó mentira Cuando tenga el comprobante de consignación (esto puede ser entre uno o dos días dependiendo de la fila del banco) Vaya a la Registraduría, a las seis de la mañana. Si, como lo lee. Debe ir entre seis y siete de la mañana. No puede ir a las doce, ni a la una, ni a las tres (ojo es jornada continua así que a las tres cierran).Debe ir a las seis de la mañana porque a las siete de la mañana salen los papeles para Bogotá .

3.1. Cuando recibí la información oral lo anterior  era para mi la verdad. Ahora que hice la fila a las seis de la mañana todo ha cambiado. La fila de las seis a las siete de la mañana no es para entregar papeles, es para solicitar una ficha.Sólo reciben 60 solicitudes por día y entregan las "fichas" en turnos de a 10 personas. Las primeras diez personas son citadas para las ocho de la mañana y deben llevar el original del recibo de consignación.Ocasionalmente deben llevar fotocopia del mismo y fotocopia de la denuncia. Digo ocasionalmente porque todos los dias no se entregan "las fichas" de la misma manera.A veces solicitan los papeles, a veces solo el nombre.Depende del ingenio del funcionario de turno. En todo caso, lleve preparadas las copias porque en el lugar son a 100 pesos y nunca tienen cambio, ni de un billete de mil.

3.2. Llegue puntual a la hora que lo hayan citado.Debo reconocer que el tiempo de mi cita fue respetado. Vaya preparado para que le tomen de nuevo la foto porque sacar la cédula por segunda vez es equivalente a sacarla de nuevo en cuanto a toma de huellas, firma y foto.Eso está bien porque así realmente su documento anterior queda anulado por siempre jamás y no pueden usarlo para hacer transacciones ilegales.Respire profundo cuando vea que al funcionario encargado lo visitan y distraen al menos cuatro mujeres entre turno y turno. Una vino a saludarlo, otra a venderle productos de Yambal, otra a preguntarle si se le notaba la dieta que estaba haciendo y otra más a contarle un chisme del trabajo.Nunca entendí cómo podían entrar tantas personas al edificio si la vigilancia es tan estricta en la entrada. La ventanilla es la número 7 . Una vez le hayan tomado las huellas y demás le indicaran que cerca a la salida,a la derecha, le tomaran la huella para su contraseña. Pregunte al señor que toma la huella cúanto se demora la entrega de la cédula. Él le contestará que tres meses y no le dirá qué hacer para saber si ya está su cédula. Yo averigué y sólo debe entrar a la página de la registraduría y consultar allí.


4. No vaya a la registraduría a buscar información escrita pues no va a encontrarla. Hay dos amables “informantes” de chaleco fosforescente (imagino que son trabajadores reinsertados) que a toda prisa y sin vocalizar recitan una retahíla cercana a la información. Ellos le repiten algo de lo que he dicho aquí pero les juro que no van a darles los números de la cuenta, solo dicen el banco. (en el banco están los números de la cuenta, si va a copiarlos de allí tenga cuidado porque hay siete formatos diferentes, lea bien para no equivocarse).La ausencia de información escrita a mi me deja la sensación de ser menor de edad. Este privilegio de la oralidad crea sensación de que algo se olvidó y uno no puede hacer una lista personal de chequeo. Miré en la página de la registraduría para ver si allí estaban las instrucciones y me encontré con una lista que no dice nada, es un portento escritural esta lista que usa 200 palabras para no decir nada.

4.1. Creo que el punto más débil del proceso es la desinformación. Es increible que no haya una hoja escrita con las instrucciones, sobre todo porque se viola nuestro derecho a la información. Cada paso se va entregando como en una película de suspenso.Me sentí como un infante, completamente desprovista de un trato respetuoso de mi condición de adulto.Lo que más me sorprendió fue que las personas no preguntaran "y ahora qué sigue, cúal es el siguiente paso?.Sólo se dejaban llevar. Me entristeció ver cómo la gente de las fotocopiadoras hace su agosto con esta desinformación porque hacen correr rumores para que los solicitantes salgan desesperados a fotocopiar documentos que luego nadie pide. Como todo el proceso es oral el usuario está a merced de lo que diga el rumor.

4.2. Aunque pregunté varias veces nadie me explicó por qué debemos ir a las seis de la mañana. Especulo que es porque el lugar es muy pequeño y si distribuyen a las personas a lo largo de la mañana pueden tener despejado el edificio. tambien para evitar que haya horas en las que las personas deban soportar las inclemencias del tiempo (supongo).Sin embargo, pienso que los señores "informantes" bien podrían trabajar atendiendo un teléfono al estilo de las citas para el pasaporte.Usted llama y ellos le asignan el turno, toman su nombre y le dicen la hora a la que puede llegar. Asi no se pierde "lo oral" que parece ser una costumbre muy preciada en la Registraduría.

4.3.Debe existir un modo más sencillo de hacer las cosas. El pobre usuario sacrifica dos medios días de trabajo. Uno para pagar en el banco más ineficiente del país y otro para hacer fila ,solicitar la ficha y regresar a hacer el tramite. Esto resulta muy costoso para todos.


5. Si ha perdido la cédula en estos días (antes de elecciones) aproveche porque después de elecciones la copia se demora de tres a cuatro meses. Algo me dijo el informante sobre las personas mayores de sesenta años pero no entendí, debe ser algún privilegio sobre pagar o hacer filas.





6. Si después de hacer la fila quiere tomar algo para pasar el trago amargo o quiere decansar en un parquecito vecino que hay al píe de la registraduría ¡no lo haga!. Salga corriendo, tome taxi, agarre bien su bolso o cartera o donde sea que haya guardado la “contraseña”. El sector es muy peligroso y a una amiga mía le robaron la contraseña saliendo de la registraduría .Ella, aún con el susto de haber visto el puñal en su cara, regresó a la ventanilla para solicitar que le ayudaran con la contraseña y contó lo sucedido. “de malas” le contestaron, espere que le salga la cédula porque aquí no podemos hacer nada.

7. Repita conmigo y a todo pulmón: Mala liendre a tu familia ladrón , espero que te roben la cédula, que tengas que hacer una fila en el Banco Popular, que te toque madrugar a las cinco de la mañana para hacer un procedimiento que podría hacerse a cualquier hora del día. Ladrón que tu vida sea llena de burocracia, que no encuentres instrucciones escritas , que te toque escuchar al informante balbucear algo parecido a unas instrucciones y que te diga que debes hacer la fila “en la ventanilla del primer escalón” y que tu busques y no entiendas dónde queda eso.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Instantáneas





Hace dos semanas conocí el rostro de Amanda. Pude ver sus ojitos cerrados y su gesto de buda. Sólo tiene 4 meses de gestación y la tecnología ya me ha permitido verla, ver sus manitas cerca de la cara y hacerme una idea de cómo va ser cuando salga al mundo. El padre y la madre de Amanda están felices de conocerla, han publicado su foto en FACE Book, la cargan en la billetera y la pondrán en el álbum que le están construyendo.





Cuando yo nací mi padre me tomó muchas fotos, tantas que hay un álbum lleno de sólo un día, fotos pequeñas en blanco y negro que me muestran con el gato, con mi madre, con mi abuelo, con el perro, con una llanta de tractor.



Una amiga me cuenta que carga las fotos de su sobrino en la billetera porque está comprobado con investigaciones que cuando una billetera se pierde y lleva fotos de niños es mas susceptible de ser regresada.



Mi foto favorita es una en la que tengo tres meses. Se puede ver sólo mi rostro de bebé. No se distingue bien si soy niño o niña y soy un bebé mesticito, morenito, casi indígena. Hace poco me vi, o mejor, me reconocí, en un bebé que ví en un buseta. Supe que ella (o él) se iba parecer a mí y me enternecí.Quise saber si volvería a verlo, a reconocerlo.



La foto más antigua de mi familia paterna se dañó justo por la orilla donde está mi padre aún bebé. Mi hermana tardó muchos meses en reconstruir para nosotros a ese niño que mi abuelo carga en las piernas. Mi padre nos cuenta que la llegada de los fotógrafos al campo era un acontecimiento. En esta foto veo un mantel de cuadros como fondo y a una abuela jovén y elegante. Un familia que ya se ha disuelto como la tinta que se ha ido desgastando.



Una estudiante de mi taller me cuenta que sólo tiene una foto de su hermanito. Él tenía tres años cuando murió y ella sólo conserva un cuadrito de papel con el niño muy elegante, sentado y con los ojitos cerrados. La mamá de mi estudiante hizo que le tomaran esta foto al niño después de muerto. Lo vistió, lo peinó y lo sentó en su regazo para poder tener una ultima imagen de él.

Luis Santiago Lozano tenía 11 meses y era precioso.Su mamá tenía muchas fotos de él. Era el bebé de la portada, blanco,rosado,de ojos azules.Cuando desapareció, los noticieros prsentaron una a una las imágenes del angelito,en la tina, con la abuela, en el coche, en la cunita. Los que vimos a bebé nos conmovimos porque esa ternura y esa belleza no debían ser maltratadas. ¿Qué clase de bestia sería capaz de matar un niño tan hermoso?. Recientemente el caso de una niña de 11 años en Argentina puso a los medios en debate. La niña estaba secuestrada y los noticieros pasaban hasta el cansancio videos y fotos de la niña, su foto de perfíl de Face Book dió la vuelta al mundo. La niña resultó muerta tirada en un basurero. La sobre exposición de su rostro pudo contribuir a presionar a sus asesinos.







Yenny y Yimmy sólo tienen dos fotos, la del carnet del colegio y otra que su papá les mandó tomar en una feria. Jeferson no tiene ninguna foto porque estaba muy pequeño y en ese tiempo no pasó ningún fotógrafo. Tomarle una foto a Jeferson, vistiéndolo y peinándolo tal vez hubiera sido una idea de una madre, pero esos tres niños no tenían la madre cerca. El padre debía ir a trabajar y los niños se quedaban en casa cocinando y tal vez jugando un poco. Estos tres hermanitos estaban cuidados por un ejército nacional que hizo poco cuando uno de sus miembros y quién sabe si más de uno, violó a Jenny y mató a sus hermanos y los enterró a la orilla de un río, mal enterrados. A prisa, como a perros.



Hoy no tenemos carteles con las caras de estos tres niños y no podemos imaginarnos cómo eran. No ha habido juicio y la juez que llevaba el proceso está muerta mientras todo se pospone a causa de las leguleyadas que dilatan el proceso, diluyen la memoria y la rabia y nos regresan a la peste maldita del olvido.



¿Cúantos niños campesinos existen para nosotros?, ¿Qué imagen tenemos de ellos? ¿Existe para nosotros alguien que no podemos ver en una imagen?

miércoles, 31 de agosto de 2011

Carta muy subjetiva contra la desesperanza





A veces siento que mis estudiantes me miran como se miraría a Campanita, como un ser irreal que vive en el mundo de la fantasía. Tal vez, como dice un amigo argentino, “vivo en un huevo Kinder”. Ellos, mis estudiantes, saben cosas que yo ignoro, saben, por ejemplo, que ya nada se puede hacer, que no hay opción, que en este país todo está decidido por los medios de comunicación. Por eso, cuando yo les hablo de democracia, de ciudadanía y de justicia ellos me miran compadeciendo mi ingenuidad.

Algunos estudiantes piensan que no ir a clase es ganancia, que si logran engañar al profesor los inteligentes son ellos, que el profesor es un pobre sujeto que no sabe de este mundo, del mundo real que no habita en la teoría.

Hace unas semanas, escuché a un estudiante cuando decía que la contaminación con metales pesados en los ríos cercanos a las minas de explotación de oro a cielo abierto era un invento de los “izquierdistas” que no querían dejar progresar la región. No me molestaría tanto si este joven no estuviera estudiando una carrera que directamente tiene que ver con el tema ambiental.

En la misma clase otro joven aseguró que el desastre de Chernobil habí afectado sólo a unos pocos humanos pero que el impacto en plantas y animales había sido nulo , con ello justificaba el uso de la energía nuclear como fuente limpia y poco contaminante.
Hace unos días otro muchacho me dijo que en Colombia no es posible hacer un cambio en lo político, “ya todo está decidido” me dijo.

Hace seis meses unos estudiantes inventaron un correo parecido al de una compañera profesora (de una universidad pública) y cambiaron las fechas de un parcial, hace unos días, otros estudiantes se pusieron de acuerdo para aprovechar los paros en Transmilenio para no ir a clase, la razón: Debían entregar un trabajo y no querían hacerlo.

Casi todos los días el asunto de enseñar se está convirtiendo en el trabajo de descubrir mentiras. Se plagia, se corta y pega, se inventan historias para no cumplir con los compromisos, se abre el computador para fingir que se toman notas cuando en realidad está abierto el Face Book. Fingir es la consigna .Una triste consigna de una generación que asume que aprender es incómodo, innecesario, secundario.


En esta profesión es tan fácil caer en la desesperanza. Decidir que es mejor renunciar a formar conciencias críticas, que las cosas son menos incómodas si sólo enseñamos a jóvenes adaptados. Sin embargo, sé que muchos profesores nos negamos a caer en esta trampa. La desesperanza anula la acción, nos deja derrotados aún antes de comenzar el enfrentamiento.
Comienzo este semestre de nuevo creyendo que los jóvenes pueden lograrlo, que vencerán todos esos cantos de sirenas que los invitan a no decir, no opinar, no pensar por si mismos, a ser “hombres de su tiempo” en el sentido de que se amoldan a la triquiñuela, al camino torcido, a lo falso antes que a la posibilidad de la ética, del esfuerzo de probar hasta dónde se puede llegar con lo aprendido.
En tiempos pasados se acusaba a los jóvenes de rebeldes, de incómodos. Ahora yo acuso a los jóvenes de lo contrario, al menos los jóvenes de mi país son más conservadores, tradicionales y adaptados. Son viejecitos con piel de bebé que no quieren cambiar el mundo ni cambiarse ellos. Es por eso que mi trabajo tiene sentido. Porque las cosas no son fáciles, porque mi generación sabe que los cambios duran siglos, pero son posibles o al menos conforman la utopía, que es la que nos permite dar dirección a nuestra vida. Así que mi mundo de fantasía, por este semestre, resistirá un poco más, sólo porque, a veces, he visto que es posible enseñar para el pensamiento crítico y porque estoy convencida de que mis clases entregan herramientas para transformar el mundo.

En este momento, opto por la esperanza.

jueves, 28 de julio de 2011

Yo no nací lectora, a mí, me hicieron lectora

Yo no nací lectora, a mi me hicieron lectora




Cuando yo era adolescente leía revistas para jovencitas, me encantaban. Allí encontraba artículos sobre mis cantantes favoritos, sobre maquillaje, moda y uno que otro cuento de Corin Tellado que ahora lamento haber leído. De vez en cuando estas revistas traían historias de viajes y fotos de ciudades y lugares que me fascinaban. Claro que estas revistas estaban en la misma cesta con las de la Nacional Geographic, Condorito, el Pato Donald y con las de Mecánica Popular y el Magazín de El Espectador. En mi casa había una canasta de revistas que tenía todos los intereses de la familia y todos leíamos sin discriminación, también había una biblioteca donde se guardaban los libros serios y costosos


Un día, se me ocurrió la idea de llevar a mi colegio una revista en la que aparecía mi ídolo del momento. Mis amigas la circularon silenciosamente en la clase de religión. Pasó lo que era previsible; la profesora, la hermana Matilde,* descubrió la revista y la confiscó. Durante todo mi bachillerato había visto a las profesoras confiscar revistas y hacer anotaciones en el controlador de clase: En esos tiempos, llevar revistas a clase equivalía a tener un Black Berry en el salón. Llevar cosas que no estuvieran programadas en clase estaba prohibido y por tanto resultaba divertido hacerlo.

Unas semanas después descubrí algo que me asombró. Una profesora necesitó enviar un mensaje a otra que estaba, en ese momento, en el cuarto de costura y bordado y me envió a mí. Yo estudiaba en un colegio de monjas y había una división entre el espacio de las estudiantes y el de las novicias. Esta vez yo debía ir al espacio del noviciado y llevar la nota. Al entrar al salón de costura ví, en una canasta, al menos veinte revistas y entre ellas la mía. En el círculo de bordadoras había una novicia leyendo, para todas, un artículo de una de las revistas. Entregué el mensaje y salí de allí transformada pues descubrí que las religiosas también leían cosas superfluas, que no todo era leer la Biblia. Cuando le conté a mi madre ella me dijo “pero claro si ellas también son humanas, también tienen derecho a divertirse”. “Si, pero a nosotras no nos dejan divertirnos” -rezongué yo- “Bueno es que si no prohíben las revistas entonces les toca comprarlas a ellas” dijo sabiamente mi madre y era cierto.

No sólo era cierto por lo perverso de prohibir para poder incautar, sino por el asunto de que leer era una diversión. Al menos así era en mi mundo. Semanalmente mis padres compraban el periódico dominical y su llegada era una alegría porque cada uno tomaba una sección y leía empijamado hasta la hora del desayuno. Cada ocho días mi padre nos compraba también los comics favoritos de cada uno y mensualmente recibíamos revistas que se intercalaban, un mes de mecánica, otro de la Nathional Geografic o del Readers Digest. Mi padre no tenía mucho dinero pero sí un presupuesto para que todos nos divirtiéramos leyendo.

Cuando las lecturas se acababan yo podía alquilar, en la tienda de la esquina y por un peso, comics de una gran variedad. Yo ahorraba de mi mesada para poder leer todos esos pequeños folletitos colgados de una cuerda y muchas veces los intercambié por los míos sin que mis padres se dieran cuenta.

En algún momento de mi niñez Colcultura sacó una colección de libros a tres pesos, era un cifra muy económica y el material con que estaban hechos era muy barato, sin embargo, allí venían los clásicos de narrativa y poesía y ,en ocasiones, antologías de cuentos por países. En mi familia comenzamos a coleccionar y a leer estos libritos  que cabían en cualquier bolsillo o cartera. Recuerdo a mi padre leyendo en la fila del banco mientras esperábamos nuestro turno para consignar.

En todas partes vendían libros. No recuerdo haber entrado a una librería en mi niñez. Pero en la papelería y en las tiendas de regalos había libros. También en los almacenes de cadena y en los quioscos de revistas. Mi padre tenía la costumbre de regalarnos libros para celebrar nuestro cumpleaños o el comienzo de las vacaciones.

En la televisión los personajes leían, incluso había un personaje que era un viejo libro sabio y otro que se llamaba “el libro gordo de Petete” que nos dejaba siempre con la idea de que en los libros estaba todo lo que quisiéramos saber. Había concursos para niños lectores y series basadas en libros clásicos.

Si pienso ahora en ese tiempo es inevitable concluir que fue mi entorno el que me hizo lectora. Mi familia y la sociedad del momento pensaban que leer era divertido y me enseñaron a gozar con la lectura y a leer en mi tiempo libre.

Ahora, en este 2011 el asunto en mi país ha cambiado. Tenemos graves problemas porque los niños y los jóvenes no leen en la escuela ni fuera de ella. Yo creo que no es su responsabilidad porque nuestra sociedad olvidó ser lectora. Ya no hay libros de colecciones populares apoyados por las oficinas de cultura, excepto por el programa de “Libros al viento” lanzado por Bogotá hace 5 años , o,  por la macondianas iniciativas particulares del Biblio Burro o del hombre que en la costa lleva una carreta cargada de libros para prestarla en parques y plazoletas y que son solo bellas quijotadas de individuos que aman la lectura y no aceptan que el estado no apoye la formación de nuevos lectores.

Los libros en mi país son muy costosos, con un salario mínimo (535.600 pesos) es imposible comprar un libro (cuyo precio oscila entre 40.000 a 50.000 mil pesos). Además, las bibliotecas son escasas y tienen horarios cruzados con los de las actividades laborales y estudiantiles. No hay bibliotecas abiertas  todo el día o después de las seis de tarde. Los escritores nacionales no son apoyados para que haya posibilidad de que sus obras se consigan a precios menores. Las bibliotecas de los colegios públicos son paupérrimas y, a veces, los libros permanecen en cajas, pues al no ser bienes deleznables, los bibliotecarios prefieren no prestarlos para no responder ellos por el material que se pierde.

Me alegra decir que esto que pasa en mi país no pasa en otros en los que aún hay libros económicos, las casetas están llenas de ofertas y el mercado del libro de segunda es próspero y asegura lectores. (En Buenos Aires un libro de Borges puede costar, nuevo, el equivalente a 10.000 pesos colombianos y de segunda 5.000 pesos) Apenas hace un mes, en el subterráneo de Buenos Aires, se regalaron miles de libros de Ernesto Sábato.

Algún día espero que la lectura y la animación a la lectura sean planes de la sociedad colombiana. Mientras tanto, cualquier iniciativa será sólo una gota de agua en la arena. Se trata de recuperar a una sociedad que se divierta leyendo y que haga de la lectura un plan personal para el tiempo libre, así cuando los niños lleguen a la escuela y las maestras les asignen lecturas, leer historia o ciencia será más fácil porque el gusto, que es la esencia del éxito de las actividades, estará  predispuesto.

Ahora que termino esta reflexión me queda la imagen de las pobres novicias contemporáneas, solas, bordando y leyendo revistas de hace veinte años porque ya las niñas no llevan nada para leer a escondidas en el colegio.

*Nombre cambiado para protegerme de un tirón de orejas de la verdadera “hermana Matilde” a quien, aún después de treinta años, temo hasta el dolor de estómago.






























miércoles, 6 de julio de 2011

La Poesibilidad: Una reflexión a partir del poema Los Estatutos Del Hombre de Thiago de Mello.




Vivo en medio de la decepción, el miedo y la desesperanza. Mis amigos, mis estudiantes, la gente que me rodea está triste, preocupada, angustiada, aplastada por la cotidianidad que obliga. No son tiempos buenos. Sin embargo, mi poema favorito tiene más de un siglo y dice:

“En este mundo

Por encima del infierno

Viendo las flores.”



Es un Haikú de Kobayashi Issa y siempre viene a mi cabeza cuando suspiro o cuando me siento abrumada, también, a veces, cuando estoy muy feliz.



Algo bueno de la poesía es que es memorable. Esto implica que se fija en nuestra mente y surge en momentos en los que necesitamos esa función de la palabra que va más allá de la razón, esa posibilidad de crear mundos, de abrir puertas, paraísos, infiernos, socavar piedras, abofetear tiranos, multiplicar, embriagar, unir o destruir.



Vamos a llamar a esa función la “poesibilidad”, Se que los que leen poesía saben a qué me refiero. Es ese momento en que al leer sabemos que esas palabras, en ese orden, con ese ritmo e intensidad, crean un mundo. Una burbuja que durará lo que dure el poema, o tal vez un poco más, pero que con seguridad existe, es real, podemos sentirlo.



Mediante la “poesibilidad” muchos hemos podido superar el dolor de una pérdida, de un desamor, porque cuando el poeta dice “quedaré solo como los veleros en los puertos, pero te poseeré más que ninguno, porque podré partir…” nosotros, los que estamos heridos de ausencia, sanamos, vemos lo que podrá ser, vamos al futuro y lo sentimos.



Los poetas crean posibilidades, como ya lo dijo Rimbaud: anuncian y denuncian, por eso la poesía está ahí con fuerza en los momentos de oscuridad. Por eso los hombres lanzan poemas desde los aviones o inundan las paredes con versos, por eso, después de la tortura, muchos poetas y escritores deciden continuar escribiendo y lo hacen sin violencia. Pienso en Mempo Giardinelli, en Juan Gelman, o en Amadeu Thiago de Mello, pero hay tantos poetas que han sido torturados o exiliados que ellos son sólo tres nombres.



La obra de estos escritores está llena de erotismo, de posibilidad, de humor y paradoja, por qué no, a veces de risa y ternura, tal vez de banalidad, de cotidianidad y sencillez. Frente a la desesperanza del mundo ellos construyen poemas. Lo hacen para negar la fealdad de lo inmediato y en esa arquitectura lingüística el poema funciona como una gran casa, como un espacio paralelo que hace ver o sentir lo que buscamos, lo que necesitamos.



No voy a teorizar más sobre esto. Quiero dejarles con este poema de Thiago de Mello y los invito a leerlo. Abajo pongo el link de You Tube para que puedan escucharlo en la voz de su autor. Sólo digo que lo hermoso de este poema radica en que cuando comienza va creando la posibilidad, va permitiéndonos ver ese otro mundo en el que es válido que un solo hombre decrete y al decretar transforme,  por segundos, la realidad que le rodea. Es un poema contagioso que se queda todo el día rondando la cabeza y que, si jugamos bien el juego, nos lleva a continuar decretando. En eso consiste la "poesiblidad": en recordar que las palabras son también acciones y que, en este caso, decretar es liberarse.



Poema Los Estatutos Del Hombre de Thiago de Mello







Traducción de Pablo Neruda



Artículo 1.

Queda decretado que ahora vale la vida,

que ahora vale la verdad,

y que de manos dadas

trabajaremos todos por la vida verdadera.



Artículo 2.

Queda decretado que todos los días de la semana,

inclusive los martes más grises,

tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.



Artículo 3.

Queda decretado que, a partir de este instante,

habrá girasoles en todas las ventanas,

que los girasoles tendrán derecho

a abrirse dentro de la sombra;

y que las ventanas deben permanecer el día entero

abiertas para el verde donde crece la esperanza.



Artículo 4.

Queda decretado que el hombre

no precisará nunca más

dudar del hombre.

Que el hombre confiará en el hombre

como la palmera confía en el viento,

como el viento confía en el aire,

como el aire confía en el campo azul del cielo.



Parágrafo único:

El hombre confiará en el hombre

como un niño confía en otro niño.



Artículo 5.

Queda decretado que los hombres

están libres del yugo de la mentira.

Nunca más será preciso usar

la coraza del silencio

ni la armadura de las palabras.

El hombre se sentará a la mesa

con la mirada limpia,

porque la verdad pasará a ser servida

antes del postre.



Artículo 6.

Queda establecida, durante diez siglos,

la práctica soñada por el profeta Isaías,

y el lobo y el cordero pastarán juntos

y la comida de ambos tendrá el mismo gusto a aurora.



Artículo 7.

Por decreto irrevocable

queda establecido

el reinado permanente

de la justicia y de la claridad.

Y la alegría será una bandera generosa

para siempre enarbolada

en el alma del pueblo.



Artículo 8.

Queda decretado que el mayor dolor

siempre fue y será siempre

no poder dar amor a quien se ama,

sabiendo que es el agua

quien da a la planta el milagro de la flor.



Artículo 9.

Queda permitido que el pan de cada día

tenga en el hombre la señal de su sudor.

Pero que sobre todo tenga siempre

el caliente sabor de la ternura.



Artículo 10.

Queda permitido a cualquier persona,

a cualquier hora de la vida,

el uso del traje blanco.



Artículo 11.

Queda decretado, por definición,

que el hombre es un animal que ama,

y que por eso es bello,

mucho más bello que la estrella de la mañana.



Artículo 12.

Decrétese que nada estará obligado ni prohibido.

Todo será permitido.

inclusive jugar con los rinocerontes

y caminar por las tardes con una

inmensa begonia en la solapa.

Parágrafo único:

Sólo una cosa queda prohibida:

amar sin amor.



Articulo XIII

Queda decretado que el dinero

no podrá nunca más comprar

el sol de las mañanas que vendrán.

Expulso del gran baúl del miedo,

el dinero se transformará en una espada fraternal

para defender el derecho de cantar

en la fiesta del día que llega.



Artículo Final

Queda prohibido el uso de la palabra libertad,

la cual será suprimida de los diccionarios

y del pantano engañador de las bocas.

A partir de este instante la libertad será algo

vivo y transparente como un fuego o un río

o como la semilla del trigo

y su habitat será siempre el corazón del hombre.

Este es el link del video.
http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=9JZPdzi8NLM

sábado, 11 de junio de 2011

Pobre, muy pobre, paupérrimo.






Cada vez somos más pobres. Es una frase que encontramos a menudo en los diarios y allí está relacionada exclusivamente con el asunto de que cada día las personas tenemos menos dinero y la brecha entre ricos y pobres, desde la perspectiva del ingreso monetario, es mayor. Sin embargo, la pobreza, asumida no como falta de dinero sino de condiciones básicas para el bienestar acecha a todos los habitantes del planeta. Sobre todo, porque no hay una sola pobreza sino múltiples expresiones de ella y lo peor; esas pobrezas crecen porque no somos conscientes de ellas.



Hace unos años visité una de las escuelas más pobres del mundo. Había pupitres ,salones, baterías de baños y algunos planes de ampliación de la sede. Había nómina completa de profesores y, aunque estaba situada en una zona deprimida de la ciudad, los niños podían asistir regularmente a clase. Sin embargo, tres acontecimientos que viví allí me hicieron pensar en las condiciones de pobreza extrema de aquella escuela.


La primera sucedió en el descanso de los niños. En aquella escuela estaba presente el programa de “un vaso de leche diaria”. Para muchos de aquellos niños esa era su única comida del día. Los jovencitos hacían fila y recibían la bebida en un vaso mediano y Luego se sentaban en el patio a beber en pequeños sorbos. La imagen me conmovió, sobre todo la de un niño muy pequeño y muy serio. “es buen estudiante - me dijo la profesora que me acompañaba.- está en primero y ya sabe leer Pero es tan pobre que no creo que siga en la escuela. Yo creo que va a terminar cargando bultos en la plaza de mercado. Por eso yo aquí lo consiento mucho, no le exijo porque pobre muchacho”.


Mi atención se concentró ahora en la profesora. Suspiré, cosa que hago cuando debo pensar antes de actuar, y me quedé en silencio porque supe que, en ese momento, ninguna palabra amable saldría de mi boca. En mi visión de mundo la educación es una oportunidad y un factor crucial en la salida de la pobreza extrema. Podría citar millones de casos en los que un niño pobre mejora sus condiciones de vida a través de poder desarrollar su inteligencia en la escuela, aún sin terminar su proceso educativo. Saber leer, saber escribir, sumar, imaginar, proyectar, son habilidades que permiten, si hay la suficiente constancia y esfuerzo, educarse a sí mismo. Para aquel niño el tiempo de permanencia y la calidad de la enseñanza recibida constituiría la diferencia, una diferencia vital. La profesora no podía disminuir la calidad de su enseñanza debido a que esa era quizá la única oportunidad de aquel niño para adquirir destrezas y habilidades que luego le ayudarían a estudiar y leer de modo independiente. Si la profesora no le exigía al niño, si no lo educaba con calidad lo estaba haciendo más pobre aún.


En mi cabeza hay tantas historias de niños autodidáctas que con su propio esfuerzo y una migaja de atención por parte de sus profesores lograron hacer de sus vidas un proyecto mejor del que su condición determinaba. La historia de Marco Fidel Suárez el humilde hijo de lavandera que asistía a clases por las ventanas de los salones de una escuela y llegó a ser presidente de su país. La historia de Joaquin María Machado de Assis , el padre de las letras brasileras que iba a la escuela a vender dulces y en sus descansos hablaba con los profesores. O, de pronto, la del mismo Simón Rodríguez que siendo un hijo expósito, educado en hospicios, llegó a ser el pensador mas importante de nuestro continente y el inspirador de la causa independentista. Esas historias me hacen creer que el camino no es pensar en la pobreza de nuestros estudiantes sino en la riqueza que representa para ellos una educación de calidad.



En aquel lugar “la escuela mas pobre del mundo” había un ánimo desesperanzado. Los maestros no creían en el poder de su labor. Cuando miraban a su alrededor veían lo que no tenían y por ello sentían que todo a su alrededor era carencia. Cuando alguien los visitaba los maestros comenzaban una larga lista de petición de materiales escolares “Nos faltan cuadernos, nos falta material didáctico , no tenemos títeres,” me dijo la profesora de segundo. Yo le dije que podía enseñarle a hacer títeres hermosos y baratos – no tenemos tela ni materiales- me contestó la profe un poco molesta. Le dije que no necesitaríamos tela, pues yo manejaba la técnica del Origami y este se puede hacer con hojas de papel reciclado. Me entusiasmé con la idea de regalarles un curso para todos los profesores, en el horario que ellos quisieran. Creía yo que así tendían títeres siempre que los necesitaran y ,de paso, enseñarían a los niños a ser creativos.


Establecer un horario fue difícil, pero como yo estaba entusiasmada decidí ir a los salones y enseñar a niños y profesores al tiempo. Creía yo, que viendo el entusiasmo de los niños los profesores se animarían. Lo que pasó, en un ochenta por ciento de mis clases fue que los niños se entusiasmaron pero los profesores se fueron del salón y me dejaron sola con los estudiantes. En mi visita vieron la oportunidad de no dar clase y descansar por un momento de su trabajo. En el descanso jugamos con los niños a hacer concurso de aviones de papel y descubrí que algunos sabían figuritas que yo no sabía. Tuve la precaución de enseñar diferentes figuras en cada curso, así, en esa semana, los niños pudieron intercambiar saberes con sus compañeritos de escuela. Mientras plegábamos el papel cantábamos canciones. Claro las canciones eran las que yo sabía.


En uno de esos descansos se me acercó una niñita muy linda .Tal vez de primero o de preescolar. Era de una delicadeza que me impactó. Me tocó el hombro y me dijo al oído “Cántame la canción de la estrellita” . La miré y cumplí su orden sin tener miedo de mi voz ni de la vergüenza de cantar en público. La canción era esa que dice “estrellita donde estas me pregunto que serás, un diamante debes ser di si tu me puedes ver…” una canción que los profesores de mi infancia utilizaban para enseñarnos las escalas musicales. Mientras yo cantaba, la niñita se recostó en mi hombro y luego se sentó a mi lado.

Cuando terminamos el descanso una profesora me dijo: “Doctora usted que se unta que Clarita le habló”. Yo no sabía quién era Clarita. “La niña que estuvo sentada con usted en el recreo”. Le conté lo de la canción. “Es que esa niña no habla con nadie, desde que llegó a la escuela sólo la veo hablar con la mamá y ahora con usted”. No pude evitar aconsejarle a la profesora que cantara mas canciones con Clarita pues era evidente que a la niña le encantaban. “Ay doctora usted es muy soñadora, eso es por la novedad de su visita, mañana ya esa niña no vuelve a hablar con nadie”, me dijo la profesora mientras cerraba la puerta de su salón y, por ese día, mis esperanzas.

Unos meses despues visité una escuela muy rica. Allí no había pupitres ni salones porque se los había llevado el río, pero los profesores, tan humildes como sus estudiantes, se tomaban en serio aquello de que "hay que enseñar bien asi sea poquito".A esa escuela voy de vez en cuando, cada vez está mejor y siempre hacemos  concursos de aviones de papel.